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viernes, 20 de abril de 2012

Ya nadie nos paga (2).





Cuando falla youtube uno no sabe cómo explicar algunas cosas. ¿Cómo decir qué es Chícola y la ganga a alguien que nunca lo vio? ¿Por qué, si hay videos de cualquier cosa en internet, nadie subió esto? ¿Por qué nadie le hizo una entrada en la Wikipedia? ¿Los 476 fans de facebook no se pueden poner las pilas?
No puedo ni siquiera sugerir al empático lector que sintonice Wapa TV un domingo a la mañana para experimentarlo en carne propia porque, en lo que parece una pura crueldad de los hermanos boricuas para con mi persona, ahora en ese horario están dando El mundo de Beakman

Me veo obligada, entonces, a tratar de explicar que Chícola es una señora de 40 años vestida de nenota. ¿Una especie de Chilindrina? No exactamente. Tal vez sea sólo que actúa mal, pero logra darle una impronta medio porno al personaje. O tal vez sea que la Chilindrina (las comparé: hay un capítulo en que se hacen amigas) es físicamente una pulguita, y ella es un cacho de mina.
Chícola anda por ahí con Medicoco y Cochino Basurón. Dos marginales. 
¿Acaso se supone que son niños? A veces van a la escuela con Chícola, pero otras veces trabajan, o se les reprocha que no lo hacen. Medicoco, de anteojos gigantes y nariz de plástico, ¿tendrá habilitación para practicar la medicina? ¿Y Cochino Basurón? ¿Por qué es tan cochino y basurón?
¿Qué hacen? ¿Esta chica no tiene padres? Nunca aparecen. ¿Por qué está todo el día en la calle? ¿Tiene casa? ¿Qué está pasando?
Como en todos los programas de este tipo, Chícola y sus amigos hacen lío y al final aprenden algo (hay que obedecer al maestro, no hay que decir mentiras, etc.). Mientras tanto ponen videos (siempre los mismos) de grandes composiciones con grandes moralejas, de la talla de "Mariluz apaga la luz" o esa que dice 


§ cruza en el semáforo, úsalo, úsalo, 
§ y si no hay semáforo hay que recordar:
§ primero parar, segundo mirar, 
§ tercero escuchar y último cruzar.

Pero nada supera a la cortina del programa: 


§ Únete a la ganga, 
§ con Chícola y la ganga.
§ Únete a la ganga,
§ con Chícola y la ganga.
§ Únete a la ganga,
§ con Chícola y la ganga.
§ Únete a la ganga,
§ con Chícola y la ganga.
§ Únete a la ganga, 
§ con Chícola y la ganga
§ ...

Dura como 3 minutos. 
En otra canción hay una familia de pollos que se pelean y mientras Chícola, la ganga, los pollos, y todo el mundo bailan de acá para allá te ponen en letras multicolores el número de teléfono para contrataciones: por una módica suma, podés tener a Cochino Basurón en tu fiestita.

Ahora, imaginen todo esto a las 10 de la mañana de un domingo, habiéndote levantado a las 6, con sueño, resaca y acidez. Se vuelve como más pesuti.

jueves, 19 de abril de 2012

Ya nadie nos paga (1).


A modo de despedida tardía de la etiqueta "miro tele mala por dinero", Olor a tostadas les trae con mucho amor el último par de entradas de esa sección. Comenzamos, entonces, con una escena de Clerks que ha tocado nuestro corazoncito de coordinadora nocturna, mientras intentamos aceptar el hecho de que ya no tenemos más excusas económicas para seguir mirando tele mala, y que esto ya es autoflagelación estética e intelectual.



Randal Graves: [suddenly outraged] Oh, fuck you! Fuck you, pal! Jesus, there you go again trying to pass the buck. I'm the source of all your misery. Who closed the store to play hockey? Who closed the store to go to a wake? Who tried to win back his ex girlfriend without even discussing how he felt with his present one? You wanna blame somebody? Blame yourself. "I'm not even supposed to be here today."

[throws stuff at Dante]

You sound like an asshole! Jesus, nobody twisted your arm to be here today. You're here of your own volition. You like to think the weight of the world rests on your shoulders. Like this place would fall apart if Dante wasn't here. Jesus, you overcompensate for having what's basically a monkey's job. You push fucking buttons. Anybody can waltz in here and do our jobs. You... You're so obsessed with making it seem so much more epic, so much more important than it really is. Christ, you work in a convenience store, Dante! And badly, I might add! I work in a shitty video store, badly as well.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Santa Fe.

Resulta que el canal 13 de Santa Fe es bastante chupacirios. Hoy pasaron el chivo de la procesión de mañana por el día de lainmaculadaconcepcióndelavirgenmaría (amén).
Esta vez me calenté, me calenté en serio, y cuando la presentadora dijo algo de "recordar la tradición y la historia de todos nosotros", agarré y dije "de muchos de nosotros".
Cuando el viejo pelotudo del cura a cargo habló sobre "los misioneros que habían venido a Santa Fe, con Colón (?), con las primeras personas que descubrieron América", hablé de los misioneros que habían venido "al comienzo de la conquista de América".
Y así sucesivamente.
Después la imbécil de la sección turismo recomendó hacer Roma en tres días: el primero el Vaticano (!!), el segundo Roma antigua -dijo que el Panteón había sido un templo pagano ("¡romano!", corregí), después una iglesia cristiana ("católica", especifiqué) y ahora museo de cadáveres ilustres-, y el tercero Roma moderna. En la jerga de especialista de turismo imbécil de noticiero, eso significa mirar en las vidrieras de Via Condotti ropa que nunca vas a poder pagar.
¿Porqué no se van a cosechar milanesas de soja y se dejan de joder?
Después, en canal 9, Beto Casella dijo "que Dios los bendiga" y lo dejé porque está bien, lo dijo de onda, y queda bien con el nombre del programa.

lunes, 14 de noviembre de 2011

viernes, 4 de noviembre de 2011

Paso a explicar.

Me parece que embolarse así sólo es aceptable de lunes a viernes, de 9 a 17.

viernes, 14 de octubre de 2011

She works hard for the money.

Mencioné al pasar que el trabajo tiene un rol importante en las novelas, pero nunca deja de ser un plan B. Los enamorados son ricos, sin excepción, y casarse con ellos, por más que sea por amor, implicará no necesitar trabajar.
Hace 30 o 40 años que el conflicto entre el amor y el trabajo es el supuesto drama de la mujer moderna. Como si, en este sistema, esa fuera una elección real. Como si todas estuviéramos enamoradas de millonarios.
Pero para las heroínas de telenovelas laburar, a su modo, también es una especie de batacazo. Por lo general no tienen ninguna calificación más que ser buenas, honradas y leales. Pero alguien, viendo que tienen un gran corazón, les da un puesto semi-senior y ellas lo rockean.
Y siempre, sin excepción, el trabajo tendrá algo que ver con el hombre que aman y/o el hombre que las ama. Casi siempre es su jefe o su cliente más importante, con lo cual está en una posición de poder sobre ellas. Nunca al revés.

En Para volver a amar hay una inmobiliaria de mujeres (todas de vuelta, como indica el título) contra una inmobiliaria de hombres malos. Una hora diaria de la cantilena insoportable sobre la dificultad de realizarse profesionalmente. Tienen un laburo de alto nivel pero muy inestable, que hay que defender todo el tiempo con uñas y dientes. Porque, que quede claro, esta no fue su primera opción.

Lo que nunca desaparece es la lucha por la posición. No hay ningún otro problema real en las telenovelas. La diferencia entre buenos y malos es que los buenos aman a quienes les traerán dinero y poder bajo el brazo, y los malos no.
Sin embargo, hay destellos, momentitos en los que reconectan con la realidad. Como si salieran de la nube de pedos por un segundo, la tuvieran en consideración a una, televidente, que no va a casarse con un millonario, y por ende trabaja. Por un momento nada más, lo admiten: son gatos. Pero son formas de prostitución complejas y muy estáticas, que les permiten seguir despreciando a las free lancers.
¿Qué pasa? Pasa que si trabajo y amor están siempre mezclados, es porque el amor es un trabajo. If you like it then you should've put a ring on it. Poneme en blanco, flaqui. O me pasás a planta permanente o lo nuestro se acabó.

Francisco, de Destilando, es un malo que lo ejemplifica bastante bien: se casó con Sofía, chica de guita, y ahora está de ñoqui en la estancia familiar. No levanta nada en el pueblo, porque, como le dice un campesino, el que se casa con una Montalvo, por más que sea hombre, toma el nombre de su esposa y no al revés. O sea, su pobreza (y la riqueza de Sofía) lo feminiza, y por eso su relación es de las pocas donde la distribución del poder es más bien compleja. El casamiento que le solucionó la vida económicamente lo castró. Ahora su única opción es comer en la Montalveña, y retomar el romance su concuñada.

lunes, 10 de octubre de 2011

Dos Bettys.

¿Cuánto toma Ugly Betty de Yo soy Betty, la fea? Sin haber visto nunca la original, apostaría que muy poco, fundamentalmente porque Ugly Betty no es una telenovela.
La latinidad de Betty, que parece ser un homage al hipotexto, juega un rol fundamental en la serie. Al mito yanqui de la self made woman, se suma su condición de inmigrante, que es otro handicap más, como la fealdad. No es para nada neutro que los Suárez sean mexicanos. Es raíz de buena parte del conflicto, y de la mayoría de los chistes de la primera temporada.
Otra diferencia evidente es que en la versión estadounidense America Ferrera no es una linda disfrazada de fea. No es como Anne Hathaway, haciendo en The Devil Wears Prada el mismo papel pero guera, forra y pelotuda. Es una mina normalita, ni linda ni deforme, petisa y culona, mal vestida, pero normal.

Betty la mexicana en EEUU tiene que hacerse desde abajo, romperse el lomo, sonreír con todos los aparatos, para transformarse una mujer exitosa de New York.
Betty la colombiana no se va a ninguna parte, porque en la telenovela la fatalidad niega el tiempo, el aprendizaje, el crecimiento. Está todo planteado desde el primer episodio, de una vez y para siempre.
Porque las novelas son así, como las series policiales: al final se va a resolver todo. Si no se resolvió, no es el final. Si todavía falta medio capítulo y parece que se resolvió, es mentira. Y el gancho es justamente eso: a ver qué más puede pasar, qué va a surgir para que no puedan estar juntos.
"¡¿Qué mas falta!?", gritamos alzando nuestros puños crispados al cielo.
Un paso al frente, dos para atrás, pero nunca saldremos del camino inevitable al final. Los amantes se amarán y los malos serán castigados. Un casamiento y un juicio penal. Las subtramas son pocas, débiles, y en ellas no se juega nada importante.
Pero Betty la yanqui, oh, Betty la yanqui, es puro aprendizaje, puro cambio. La serie toma una situación muy básica (chica consigue trabajo como la secretaria fea de mujeriego en industria de la moda), y adopta, en forma muy muy estilizada, lo que al televidente yanqui promedio le choca de la telenovela: la intensidad de los sentimientos, el grotesco, la violencia y la comedia física. Usa la hipérbole como principio constructivo, pero a diferencia de la telenovela, que la usa con fines melodramáticos, aquí el efecto es cómico.

Betty yanqui no se enamora del jefe. Primero, porque es un gil. Segundo, porque así no hubiera durado 4 temporadas. La tele yanqui pide otro tipo de trama, con giros, sorpresas y recambio de personajes. La historia debe ser extendible al infinito. Además, el amor de las series yanquis es distinto: sigue el modelo del dating, que se presta tan bien al desfile de artistas invitados. Cada novio nuevo de Betty es un poquito de aire fresco para el programa, y un cambio para ella. Pero no es una forma de ascenso, sino una mejoría personal.


lunes, 26 de septiembre de 2011

América noticias.

Gisela Marziotta es una mezcla de Malena Pichot con Aldo Rico.

lunes, 15 de agosto de 2011

Gaviota conducción.

Después de varias semanas vuelvo a la trasnoche y a mi novela (sí, ya es mi novela, ya lo blanquié, ya canto la cortina en voz alta a medida que tiro la letra, tipo karaoke) y resulta que Gaviota se hizo líder sindical. Y yo me muero muerta.

La esposa, la hermana mala, y la prima política de Rodrigo siempre se refieren a ella como "la jimadora", "la jornalera". Tienen epítetos, es raro. En otra novela había una tal Estrella de Mar a quien las malas llamaban "la pescadora". Yo justo había estado traduciendo con un alumno y cada vez que lo decían pensaba "piscator, piscatoris".
No sé qué, no sé cuánto, voy a acabar de una vez por todas con la pescadora (piscator, piscatoris).
No, Adriana, no puedo soportar que la pescadora (piscator, piscatoris) se case con el hombre que yo amo.
Todo esto iba a que ahora "la jimadora" habla en nombre de los Jimadores.

La patronal acá viene a ser Rodrigo, que está en plan dame un besito y los paso a todos a planta permanente. Besito que te dé tu esposa embarazada. No, dale, un besito de amigos. Amigas son éstas que me siguen a todas partes. Etcétera.

Después Gaviota le cuenta todo a la madre, y acá es donde todo se pone maravilloso.
Clarita le dice que la explicación que le dio Rodrigo es un delirio, que "eso sí que no lo vio en ninguna telenovela". Gaviota le dice que las telenovelas no son necesariamente un buen parámetro de verosimilitud. Clarita la escucha un rato y dice que no, que lo que pasa claramente es tal y tal cosa, que es obvio, que eso sí hubiera pasado en una novela. Por supuesto, tiene razón.
¿Entre una naba enamorada y una vieja autoconciente del género, quién va a tener razón?

Seis años de carrera y lo único que aprendí es a emocionarme cuando la cosa se pone meta.
¿Las viejas latinas en Arizona también se emocionarán?

Tres capítulos después, Gaviota se reencuentra en el CRT con una antigua compañera de trabajo. Le dice que su historia "es un cuento de telenovela. Es tan larga y aburrida que hasta [le] da flojera contarlo". Y más tarde Clarita le dice que es una pena que las cosas no hayan funcionado con Rodrigo. Que si se acuerda de muñeca Sánchez, de Simplemente amor, que a ella también le salía todo para el culo, pero al final se casó con el quia y tuvieron dos mellicitos. Que en el fondo ella siempre creyó que la historia de Gaviota y Rodrigo también iba a tener un final feliz.
Pero yo no soy muñeca Sánchez, mamá. Ya sé, ya sé, pero hubiera sido lindo. Y, sí, qué querés que te diga.
Creo que la gracia de las novelas está justamente ahí, pero eso dejémoslo para otro post.

Y por otra parte, está James.


James es un personaje increíble. Es el amigo yanqui de Rodrigo, que tiene un acento adorable y un bigote enorme que si es de verdad, no se nota. Forse era ver, ma non però credibile.
Está casado con una chica pobre que se llama Acacia que ahora se volvió loca y mató al tío, Melitón, y ahora es el lugarteniente de la Montalveña. Es todo muy dramático, pero cada vez que hay un primer plano suyo, mirando al infinito con cara de enajenado y hablando de Acazia y Méliton, me mata de la risa. Pobre corazón, el comic relief le crece en el medio de la cara, le brota castaño y tieso para los costados.

martes, 19 de julio de 2011

Más novelas.


No, si voy a entender la novela, tengo que mirarla como se miran las novelas.
Es decir: como las miran las señoras, a la tarde, en vez de dormir la siesta. Como el manija que no sale el viernes a la noche para ver Destilando amor a la una de la mañana. Como un pendejo yanqui que se fuma un porro y se caga de risa mirando mexicanos llorando a los gritos.
No hay otra forma de entrar, de entender cómo mierda se logra hacer funcionar un relato con tan poco. Porque convengamos que mal actuadas, mal dirigidas y mal escritas, logran ser efectivas. Cómo funcionan, "y quién soy yo que ahí se ha dejado capturar".
La distancia crítica no nos llega a ninguna parte. Nos deja llorando frente de la tele el día de las elecciones. Entonces trato de relajarme, respiro hondo, hasta que casi no duela la estupidez escandalosa, hasta que los personajes dejen de parecerme todos iguales y la trama casi tenga sentido. Respiro hondo e intento aflojar un poco el hábito de leer con el lapicito en la mano. Una vocecita me dice "¡Mandato de castidad! ¡Relaciones de servidumbre prácticamente feudales! ¡El matrimonio y el mundo ejecutivo fusionados en una única promesa de ascenso social!". Me pregunto qué pensaría una vieja dominicana autoexiliada en Arizona, y en los cortes sublimo jugando compulsivamente al carta blanca.

viernes, 10 de junio de 2011

martes, 26 de abril de 2011

Pascua (bis).

Canal 9 pasó una versión de The Ten Commandments del 2006: una TV-movie, berretongui, con la piba de Top Chef haciendo de princesa egipcia y dos minutos de material de archivo de cardúmenes y erupciones submarinas en la parte del Mar Rojo.
Moisés, un hombre bello con una peluca horrible, es un esquizofrénico burócrata. Porque una cosa es escuchar voces que te dicen que mates gente, otra cosa es hacerles caso, pero este tipo es más burócrata aún de lo que uno esperaría de Moisés.


Menerith: Che, pero soy tu hermano.
Moisés: Sip.
Menerith: Si Dios te dice que me mates me matás?
Moisés: Sip.
Menerith: [se muere horriblemente]
Moisés: Uh. Garrón.


Después de que los liberan y bajan un cambio con la cosa racial, se desata una tormenta loca de paranoia. Patatín patatán, lapidación va, lapidación viene, terminan masacrando a la mitad del grupo por idólatras y cornudos.

Moisés: Uh. Garrón.

Mientras me afanaba por subtitular todo lo comparaba con Charlton Heston en la versión de The Ten Commandments 1956. Con todo el glamour de la épica viejotestamentil de los '50, ese Moisés era, ante todo, groso. Hermano del faraón (no de una figura menor de la corte), la tenía más grande que nadie, y no por ser el profeta de Dios, sino porque era él. Que Dios lo eligiera, en todo caso, confirmaba cuán grande la tenía.

"No soy un objeto sexual", le dice Heston, primorosamente ataviado a la egipcia, a los jerarcas esclavistas que lo tratan de niño bonito.
"No soy un objeto sexual", le dice a Nefertari cuando lo hace llevar a su recámara semidesnudo y embarrado.
"No soy un objeto sexual", le dice a las pastorcitas judías que conviven con ovejas hace demasiado tiempo.

Moisés: Mirame, chiquita, pero no me toques.

Es interesante esta disputa constante si se piensa que la gran falta de Moisés es matar a un hombre que está por violar a una esclava judía. La dignidad está ante todo en la libertad sexual de los cuerpos. Nadie duda, en la versión del '56, que el gordo se la merecía.
En la del '06, en cambio, el defecto trágico de Moisés es que es un iracundo. Todo se centra en la matanza, justa o injusta. La autoridad es poder decidir quién debe morir según la ley de Dios. Y mientras que ahí el gran drama es el sacrificio de la familia burguesa por imposición divina, el Moisés de DeMille es más un patriarca que un profeta. No hay conflicto dentro de la comunidad porque sólo se puede sentir admiración y deseo por un hombre así.

Moisés: ¡Miren qué barba! ¡Qué porte! Dios, qué groso soy.