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viernes, 4 de abril de 2014

How I Met Your Mother

Lloré menos durante el último episodio de How I Met Your Mother que cuando terminó, porque el final me lastimó en un lugar muy íntimo, arbitrario, sobreidentificado y un toque hormonal. 

La serie venía despidiéndose de a poco, en una larga cuenta regresiva que parecía haber jugado todas sus cartas y con bastante gracia. 
Habían logrado convencerme en un puñado de capítulos de que la Madre, esta chirucita que me mostraron al final de la temporada ocho, era digna de Ted y valía la espera. El día que la oimos cantar en el balcón nos enamoramos todos de ella, con una cursilería que este programa nos enseñó, y que hay que agradecerle. 
El último capítulo venía bien, tonto y tierno, como tienen que terminar las comedias. Fue hermosa y perfecta la escena de Barney con la bebé, un poco porque Neil Patrick Harris es un divino, pero más que nada porque sabíamos las ganas locas que siempre había tenido de ser papá y el sacrificio que estaba dispuesto a hacer por Robin. Barney es gracioso siempre pero cuando ama y es amado brilla como la puta madre, y el que dice que no no entendió nada.
Me enojó que Barney y Robin se divorciaran, aunque no me sorprendió, como tampoco me sorprendió que Robin se borrara y Lilly sufriera.
Pero para mí era clarísimo que el capítulo tenía que terminar con la escena de la estación. 
Me dolió la ligereza con la que mataron a la Madre. Ted puede haber tenido años de felicidad con su esposa pero yo sólo pude estar contenta por él por dos segundos antes de que dieran un volantazo abrupto. Me dolió que saltara de pronto la hija, un personaje que no conozco para nada, a imponerme de prepo su lectura de lo que significó este largo relato. 
Tal vez el programa empezó apuntado a gente de mi edad y ahora, diez años después, le está hablando a gente que ya terminó de armar más o menos su vida y está ahora en el round 2, o 3, o 1000, de nuevos quilombos. 
Yo entiendo que el quilombo nao tem fin, pero no tengo ganas de verlo. 
Entonces me hinchó las pelotas que me sorprendieran al final, porque yo y esta serie teníamos un pacto y era (¡desde el puto piloto!) que esta historia no era sobre Robin, sino sobre renunciar a ella con la esperanza, con la certeza, de que algún día finalmente iba a terminar la soledad y el miedo. Que en algún momento se iba a acabar el suspenso, no iba a haber más giros en la trama. Que el terreno, cursi, tonto, tierno, del felices para siempre iba a advenir algún día con un gesto tan simple como acercarse a una chica en una estación de tren, tocarle el hombro y decirle hola. 
Váyanse todos a la puta que los parió. 

sábado, 23 de noviembre de 2013

The great Gilmore rewatch

Me llevó alrededor de siete meses volver ver de pe a pa, en forma ordenada y sistemática, las siete temporadas de Gilmore Girls
Gilda sabe cuántas series miré y amé a lo largo de mi vida, pero no tengo dudas de que es esta la que más me quemó la cabeza, que sentí que me hablaba precisamente a mí. Las andanzas de Lorelai y Rory fueron (son) mi educación sentimental. 
Apunto entonces algunas cosas que pensé al respecto en estos meses. 




- Mi memoria no me engañaba: es realmente muy buena. Un culebrón de aquellos, pero oh, tan bien hecho, tan gracioso, tan amor. 
Fue con esta serie que por primera vez fui muy conciente de que alguien escribe los guiones de los programas, y que existían seres mágicos capaces de meter toda esa magia, toda esa inteligencia, en 43 minutos.

- El guión también estalla de referencias históricas, musicales, cinematográficas, literarias. Por un lado, diez años y una carrera universitaria más tarde se me escapan muy muy pocas. Por el otro, no puedo medir el impacto que tuvo en todo lo que consumí en esos diez años y esa carrera universitaria. Cualquier cosa que mencionen en el programa sigue teniendo para mí el Gilmore Seal of Approval: vale la pena al menos ver qué onda. 

- Y por cierto, qué difícil es no contagiarse la voracidad de Lorelai y Rory, la manera desaforada en la que bajan morfi y productos culturales por igual. Las mirás y como mínimo te dan ganas de tomarte un litro o dos de café.  

- Todas las pretensiones de Dawson's Creek -hablarle a un publico adolescente inteligente sin paternalismos, apelar al chico de su casa, ofrecer una alternativa a la reventadez glamorosa de Beverly Hills 90210- los cumplió Gilmore Girls y sin hacer alarde. Lo hizo tratando a sus personajes y a su público como seres humanos, vendiéndose a chicos y adultos por igual. Nos enseñó a ser espectadores dignos. 

- Hablando de series boludas de la década pasada, vale la pena una búsqueda de imágenes de Google para volver a ver esos montajes cursis, wallpapers amateurs con la fotito de los actores fuera de personaje, los bordes difuminados, el nombre del personaje en cursiva y un fondo de nubes, margaritas, o similar. Mucha foto promocional, poca captura de pantalla.
Qué horriblemente grasa, y qué tierna esa manía de customizar e intervenir el material fotográfico, de sobreescribir la imagen, como si una foto cualquiera de internet todavía no pudiera en esa época sostenerse por sí sola. 


- Diría que hay tres escenas que organizan la serie (aunque al final, especialmente en la última temporada, se van diluyendo por cuestiones tanto argumentales como estilísticas):

1) La rutina aceitada. Lo más lindo de Gilmore es Stars Hollow, el pueblo chico más chico del mundo, y sus habitantes que llevan una vida extravagante con absoluta normalidad. La mitad del programa muestra justamente eso, la rutina diaria de la comunidad y de las chicas Gilmore. Por eso el tiempo de la serie es eminentemente iterativo: se nos muestra una escena dando a entender que eso sucede a cada rato. 
Al menos una vez por capítulo, entonces, tenemos una rutina larga y complicada donde los personajes se mueven con precisión y gracia, poniendo en evidencia la costumbre, la convivencia diaria, la intimidad. 
2) El paseito. La cámara sigue a un personaje, cambia de dirección cuando se cruza con otro, cuya mirada a su vez acompaña cuando se da vuelta para charlar con otro más, que luego entra al lugar donde está pasando algo, etc., etc. 
Este procedimeinto, que también tiene que ver con la exhibición de la rutina, nos brinda a cada rato un paneo por el pueblo, una puesta al día de en qué anda cada personaje secundario, y una transición efectiva entre escena y escena. 
3) La diátriba y el bit. Los guiones son densos y el ritmo es apretado. En Gilmore Girls todos los personajes hablan y piensan a la velocidad de la luz, tirando mil chistes por segundo. Las grandes escenas cómicas suelen ser alguien puteando por 3 minutos sin tomar aire o un largo chiste espontáneo entre dos o más personajes. Si de educación sentimental se trata, me animaría a decir que también con Gilmore aprendí que hablar es una gran forma de quererse. 

- Emily y Richard son la versión WASP y civilizada de mis abuelos. Juro que si cruzás en un laboratorio a los Gilmore con los Cubrepileta, sale mi familia. 

- Cuando sea grande quiero ser como Lorelai. Todas y todos queremos ser como Lorelai, porque es mágica en todos los aspectos de su vida. 
Por qué será que sólo Rory (que en realidad es igual de perfectita que la madre) rompe las pelotas con su determinación insoportable, con su seguridad. 
Rory me llevaba un año y medio, y evidentemente su derrotero académico-laboral me toca el culo ahora igual que siempre. Acaso tendrá que pasar una década más para que pueda ver con menos envidia y frustración su certeza, su ambición, el futuro luminoso que es suyo por prepotencia de trabajo. 
Recomiendo, ya que estamos, no mirar los últimos capítulos de la serie justo el día antes del boot-camp de búsqueda de trabajo que organizaste con tus amigas. Y si lo hacés, al menos tratá de no estar indispuesta. 

- Luke mothaflippin Danes. En un capítulo de la segunda temporada viene de visita la dueña del Independence Inn, Mia. Luke, que la conoce de toda la vida, la abraza fuerte y la mira sonriendo desde arriba. 
Todo esto para decir que mientras que a los 15 miraba la serie y pensaba "qué chambona, Lorelai, este muchacho te re conviene", a los 26 lo veo y sólo puedo pensar que quiero que un hombre de ese tamaño me mire así por el resto de mis días.

- A lo largo de las siete temporadas hay cuatro embarazos no deseados: Lorelai de Rory, Sherri de Gigi, Lane de los mellizos, Sookie del tercero. Un quinto es Anna Nardini con April, aunque no se relata en detalle y no sabemos bien qué pasó.
En un capítulo retrospectivo de la primera temporada Straub, el abuelo paterno malvado de Rory, insiste en que Lorelai debería terminar el embarazo. Esa es la única alusión a la posibilidad del aborto en toda la serie. Las demás nunca dicen explicitamente que están eligiendo tener el bebé. 
Quizás el programa entero se trata de que ser madre en una situación de mierda también es re lindo, y puedo respetar eso. Pero no deja de decepcionarme, especialmente tratándose de un programa para adolescentes, que no reconozcan que el aborto es una opción. 

- Hay una serie nueva que se llama Wedding Band y se choreó la versión de "Hollaback Girl" que tocan Gil y Brian en un Bat Mitzvah. Estoy indignada. 

- Melissa McCarthy ya era basante redonda pero nunca nadie sintió la necesidad de hablar del tema. A nadie le importa. ¿Por qué debería? Sookie es una diosa y todos la aman, obviamente, porque es linda, buena, loca, divertida, y super talentosa. Por supuesto que va a tener un marido granjero que la ama con locura, una familia hermosa y una cocina tan linda que te dan ganas de dormir adentro de su heladera.

- Estoy segura de que en toda la serie Lorelai y sus padres no se dicen ni una vez que se quieren. Es una omisión tan conspicua como dolorosa. Pero qué intensos y lindos son entonces los momentos en los que casi casi pueden entender el cariño y el orgullo que se tienen mutuamente. Qué golpe bajo, qué triste, qué amor. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

miércoles, 11 de julio de 2012

Sansa y Andrés, el que viene una vez al mes.

Creo que antes de juzgar a Sansa por lo que hace y no hace en Blackwater (2x09), hay que tener en cuenta que a la pobre chica le acababa de venir. No hay peor momento posible para que te vengan a invadir el castillo.
Así que dentro de todo, yo la puedo entender.

Eso, en mi barrio, es cara de indispuesta.

-Dele, Lady Sansa, vámonos.
-No, no, yo me quedo acá.
-Pero yo la voy a proteger.
-No, no, me duele todo, estoy cansada... Yo me voy a tirar un rato.
-Pero...
-Ser, o se saca la armadura y me hace cucharita, o me deja de hinchar las bolas.

sábado, 2 de junio de 2012

Las mentes de los criminales.

Está bien, amamos el drama policial de una hora, y después de miles de cadáveres en miles de capítulos de CSI la camada de psicólogos y analistas de comportamiento sí trajo una bocanada de aire fresco.
Lo duro de Criminal Minds no es tanto el tenor de los casos que presentan sino la economía misma de la investigación que pide, para encontrar al asesino serial, nuevos muertos que brinden nuevas pistas. Esa espera perversa es un gran problema, para uno que mira y también para los personajes, que por momentos son muy conscientes de que no están jugando al Carmen Sandiego sino viendo como se apilan los cadáveres.
A fin de cuentas, lo que hacen esos programas es poner todos los ojos sobre el perpetrador y sus motivos, fascinarse por la monstruosidad del crimen. Y encima, aparentemente, todo esto del psico-criminalismo es puro verso: los perfiles son algo que se hace a posteriori y que no suele ayudar un carajo en las investigaciones policiales.
La otra vuelta pasé zappeando por algún drama policial de una hora y uno (no sé si Horatio en Miami o Ted Danson en Las Vegas) tiró una que me pareció re bien. Un joven y potrísimo investigador mira el fiambre destruído y se pregunta en voz alta por qué le hicieron eso. Su jefe, la justicia encarnada, paternal pero distante, le dice: "me chupa un huevo por qué, quiero saber quién, agarrarlo, y hacer que se pudra en la cárcel".

miércoles, 16 de mayo de 2012

2 Broke Girls, las tetas, y el hipsterismo.

1. Me gusta que Johnny sea tan garca y tan tóxico. Por una vez la tele reconoce que ser bueno e inteligente no impide ser una basura. Les pido por favor que no lo rediman, que no vuelva. Si no supiste amar, ahora te puedes marchar. 


2. Me gusta Sophie, esa Madame Maxime porno. 


3. En las series del prime time las chicas no son como Max y Caroline. No putean, no se drogan, no gritan, no dicen guarangadas, y no se masturban. 
En la mayoría de las series del prime time una parte importante de la trama es con quién salen los personajes en ese momento. Hasta George Costanza salía con una mina distinta cada semana. En cambio, en una temporada entera Max y Caroline han picoteado pero no han salido con nadie. Aparentemente no tienen tiempo ni ganas. 
Me gusta el minitaje Bechdel, me gusta que tengan intereses y preocupaciones más allá de sus vidas románticas. Me gusta que a veces el romance (ver 1) simplemente no valga la pena. 
Tengamos en cuenta que la gran obra de Michael Patrick King, co-creador del programa, es Sex and the City, una serie donde lo que empodera a las mujeres es ser ricas, cojerse tipos y comprar ropa, así que todo esto debe ser mérito de Whitney Cummings.

4. Me gusta la decisión artística de hacer que Max parezca siempre a punto de morir asfixiada por sus propias tetas.
Me gusta que todos los personajes tengan estilos muy definidos y muy característicos, y que repitan accesorios. Ya saben, para mí nada dice EFECTO DE REALIDAD como ver que en una serie o película la gente usa siempre la misma ropa. Ahora que lo pienso, fue lo que más me gustó de Ghost World.
Me quiero maquillar como Max pero no me animo.

5. Tardé como 10 capítulos en darme cuenta de que Oleg está bastante tuneado. Así que sí: me gusta como te queda esa camisa, corazón.


6. Hace tiempo que la tele estadounidense viene hablando de la recesión, y vi en varios programas alusiones a la movida del Occupy pero, llamativamente, casi siempre desde la perspectiva del 1%. 
Mientras a la mayoría de nosotros el fantasma de perder la fortuna nos chupa un poco un huevo, creo que lo importante de 2 Broke Girls es esto: Caroline se vuelve pobre, pobrísima, y se da cuenta de que hay gente que siempre vivió así. Los chicos de clase media-alta se reciben y no consiguen el trabajo de analista financiero que querían: terminan trabajando de mozos y se dan cuenta de que la gente pobre de nacimiento nunca pudo aspirar a más que eso. Se quieren matar. 



7. Ese conflicto económico también está en la base del hipsterismo como fenómeno estético. 
El problema que tenemos todos con el concepto de hipster es que, por un lado, les decimos así a la gente muy careta, pero por otro también lo usamos para hablar de cierta sensibilidad estética con la que, no tan en el fondo, nos sentimos identificados. Nadie dice "hipster" sin temer, aunque sea un poco, que le digan así, o sin participar de esa cultura, con tan sólo conocer el término.
¿Qué pasa en 2 Broke Girls? Los personajes viven y trabajan en los lugares que les gustan a los hipsters, compran ropa de segunda mano, etc. La diferencia es que ellos no tienen opción, y por eso les dicen caretas a los que lo eligen. No es tan distinto a discusiones que tenemos acá sobre "hacerse el hippie" como una impostura. 
El hipsterismo o el hippismo criollo no dejan de ser estetizaciones de la pobreza. Los jeans de Levi's salen 400 mangos: me visto de modal de colores. No puedo pagar un departamento en Manhattan ni si me prostituyo todos los días y todas las noches: Williamsburgh es lo más. Y así sucesivamente. Cuando esa operación estética triunfa y se pone efectivamente de moda, se instala una disputa por determinar, en la caza de brujas más embolante de la historia, quién es realmente pobre y quién se mueve como si lo fuera por elección.

martes, 1 de mayo de 2012

Proyecto para Youtube.

Hay que recopilar todos los momentos de Minuto para ganar en que el concursante se equivoca y grita " AY PERO LA CONCHA DE LA LORA PUTA". Les apagan el micrófono y Marley desvía la atención, pero todos lo vemos, bien clarito, en el replay en cámara lenta. 

De porqué miro American Idol.

No miento cuando digo que para mí ver American Idol es un ejercicio masoquista, y que el hecho de que los que deciden lo que escucho sean exactamente los que uno menos quiere que elijan (a diferencia de lo que este post puede sugerir, no comparto el criterio musical de pequeñas púberes yanquis con demasiado crédito en el celular) es un desafío para cualquier control freak. 
Pero es un buen espectáculo, hay que decirlo. Bien producido, bien conducido, y los flacos... ah, los flacos. 
Así que aquí están, mis participantes favoritos de todos los tiempos. 

1- Phillip Phillips
Este pendejito me genera cosas que no puedo manejar del todo. Quisiera que se deshicieran de todas las minitas y el programa sea 2 horas de Phil Phillips que baila y canta y se le hincha la vena de la frente. Me desespera.



2- Reed Grimm
No sé porqué lo pongo segundo: Reed Grimm no lo sabe pero debería ser mi novio. Como una versión sexy de Kirk, de Gilmore Girls, que se canta todo y nunca nunca nunca para de cagarse de risa. Un copado.


3- Bo Bice
Cuando Bo perdió la final contra la gordita giluna Carrie Underwood, dejé de mirar el programa por un tiempo largo. Bo era perfecto, era el rockero sureño que le podías llevar a tus familia. No tenía 16 años, y se notaba.
Ese año pareció que por una vez las preadolescentes del mid west iban a perder en la votación frente a sus madres, un ejército de amas de casa calentonas, pero no pudo ser.



4- Jason Castro
El dulcísimo, adorable, lleno de rastas Jason Castro. Siempre sutil, siempre relajado, sabía cómo hacer que se te cayeran las medias cuando hacía falta.


5- David Cook
Me da cosa decirlo, lo veo en fotos y no está tan bueno, pero cada vez que salía al escenario me hacía transpirar. El video tiene una calidad de mierda, pero es el único que me podía insertar.


6- Michael Johns
Un australianote que te canta canciones de Dolly Parton nunca viene mal. La temporada 7 fue una buena temporada.


7- Adam Lambert
Miren, llega un punto en la competencia en que todos se cantan todo. Tienen voces tremendas y eso no se lo niega nadie. Pero a la hora de pararse en un escenario, nadie es tan bestia como Adam Lambert. Tendría que haber ganado la final.



8- Kris Allen
Era divino. No sé si hay mucho más que decir. Acá el mismo video con mejor calidad.



viernes, 17 de febrero de 2012

Febrero en casa.

El problema de Telecentro es que no tiene SAP.

El problema del streaming es que no tiene propagandas y a veces uno necesita un impasse para ir al baño y/o revisar el facebook.

El problema de la propaganda es que no importa cuánto insistan, no voy a ponerle Casancrem a la comida, nunca.

El problema del calor es la humedad y el problema de la humedad es que no llueve. Es decir, el hiato insalvable entre la humedad y la mojadez.

El problema es que no podés llorar a gritos por Cuevana sin que tu vergüenza opaque la desesperación.



viernes, 19 de agosto de 2011

Pequeñas epifanías.

Soy grande, tengo mi propio dinero, y si quiero una pistola engomadora, puedo comprarme una.

lunes, 14 de marzo de 2011

Bored To Death.


Al principio casi no se nota lo buena que es esta serie. Pero tiene un encanto fácil que te engancha, mientras la historia avanza y avanza sin interesarse por sí misma. Porque los capítulos no tienen centro, el caso no es lo que importa. Se plantean y resuelven en seguida, sin alardear. Fácil, como amar a Jason Schwartzman, como otra copa de vino blanco, como darle play al capítulo siguiente. Una versión super relajada de Pushing Daisies, pero con porro y bromance en vez de torta y frustración sexual.
Por supuesto que con ese casting no podía fallar, pero el grado de divinura de esa gente agarra desprevenido a cualquiera. Tan quemados, tan inocentes, y con esas mujeres que son lo suficientemente turras como para mantener la pantomima de film noir pero lo suficientemente adorables para no desentonar con ellos.
Ojalá que dure, y terminen de dibujar su mapa naif del crimen neoyorquino. Ojalá Zach Galifianakis fuera mi amigo.



lunes, 21 de febrero de 2011

Seminario de verano.

La serie policial estadounidense. 1990-2010.

Unidad 1 - Policía, raza e inmigración.
Unidad 2 - El investigador-científico. C.S.I. y el imperio de la evidencia.
Unidad 3 - El investigador-paracientífico. The X Files y el verosímil fantástico.
Unidad 4 - Nuevas colaboraciones: el vidente, el nerd y el genre-savvy.
Unidad 5 - Compañeros. Erotización y deserotización del buddy cop show.
Unidad 6 - El caso como sinécdoque de una problemática social. Los policiales de época.
Unidad 7 - Empatía, horror y moral.

viernes, 18 de febrero de 2011

Me llega hasta los güesos, me llega.

Hay, por supuesto, tópicos de la comedia romántica que nos movilizan más que otros.
Los primeros capítulos de la última temporada de Bones, esta combinación de "friend-zoned" y "me perdí la ventana y ahora me jodo por bolud@", han calado muy pero muy hondo en mi autocompasión furibunda de febrero.
Tempy, creeme, siento tu dolor.

No te preocupes, no va a durar.

Por favor, no se pierdan 6x03, una lectura tan integrada, tan cándida, de lo peorcito del reality estadounidense.

jueves, 6 de enero de 2011

Te extraño, te olvido y te amo de nuevo.

Me prometí a mi misma que iba a seguir adelante con mi vida. Que iba a dejar de pensar en vos todo el tiempo. Pero ya hace 8 meses que me dejaste y te extraño cada vez más.
Creo que estoy bien, que me engancho con otros, pero siempre me vuelvo a acordar de vos y todo lo que sentía cuando te veía. La emoción, la risa, el miedo, las mariposas en la panza. Ahora, cuando te encuentro, ya no es igual. Pero me acuerdo, me acuerdo de esa época en que lo fuiste todo para mí.
¿Vos me extrañás? ¿Pensás en mí de vez en cuando, cuando estás solo?
Ya no sé que hacer, no puedo seguir así. No sabés cuánto te necesito. Volvé Lost, volvé, por favor.


miércoles, 18 de agosto de 2010

Saul Rosenbear.

Jenna: What, you never pretended to be a bride when you were a little girl?
Liz: I did, I just never romanticized it.
(flashback to young Liz holding two teddy bears)
Young Liz: This is my husband, Saul Rosenbear, and this is his son Richard, from a previous marriage.
(flash forward to present day)
Liz: And then he cheated on me, with a lamb.

domingo, 1 de agosto de 2010

A los guionistas de Private Practice y Gray's Anatomy:

Paren de matar flacos con los que me encariñé. Manga de putos, no quiero mirar más sus series.
Atentamente
Laui

lunes, 12 de julio de 2010

Voy a esperar, si es necesario.

Hay muchas situaciones que te llevan a pensar "basta pelotuda, andate a dormir". Muchísimas.
Pero cuando de golpe te acordás de la canción de Dawson's Creek (!), y pensás "uy, man, tal cual: I don't wanna wait!", bueno.... eso es, cuanto menos, alarmante.

Miré ese programa como cualquier hijo de vecino, y lo odié con furor. Lo odié más que cualquier hijo de vecino, porque ese cachivache interminable pretendía representar a todos los adolescentes como uno, a la auténtica adolescencia sensible e inteligente, en oposición al glamour falluto de 90210.
Odié cada segundo que Dawson apareció en pantalla. Odié el moralismo, la pedantería, la volubilidad, el puritanismo, y odié que el programa tratara de predicar todo eso de mí.
No sé que motiva a los adultos a escribir historias sobre qué es ser adolescente para que consuman los adolescentes. No sé a qué niño le interesa que le hablen sobre lo que es ser niño. Creo que es la gente a la que le gusta El principito, no sé.
Pero hay algo profundamente insultante de un culebrón que se vende como retrato generacional, especialmente cuando es sobre adolescentes porque seamos sinceros: los adolescentes son un asco. Lo sabemos ahora, y lo sabíamos entonces. Éramos un grupo etario asqueroso, y estaba bien, pero no hacía falta que nos lo echaran en cara.

Así que retomando: me rehúso a sentirme identificada con CUALQUIER aspecto de Dawson's Creek. No no y no.

viernes, 7 de mayo de 2010

Me sentiría menos sola.

Por favor, díganme que alguien más entendió la etimología de burocracia recién cuando vió, en Futurama, el cartel en la puerta de la oficina de Hermes.

(Ya sé que esa no es la puerta, pero por una vez Google Images me falló)

jueves, 29 de abril de 2010

Los caballeros las prefieren.

Ok, ya sé que la onda no era tomarse demasiado en serio Los caballeros las prefieren brutas, y no voy a hacer demasiado aspaviento. A Cristina la dejan por una pelotudita, fea para peor (los caballeros son garcas, los caballeros son incomprensibles). Sale con otros tipos (los caballeros son raros). Se enamora de su roomate, que se hacia pasar por gay (los caballeros mienten). Le tiene unas ganas terribles (los caballeros están buenos). Etcétera. Cliché tras cliché, gag tras gag, se deja mirar son problemas. Por ahora, lo de ser o hacerse la bruta no fue demasiado central, y creo que empiece a serlo de pronto.
Pero que nadie me venga a negar que circula, y mucho, el mito consolatorio de que las nabas tienen vidas más fáciles, y que si una no levanta, pobre, debe ser porque es demasiado inteligente. Oh, es tan trágico, pocos hombres se bancan a una mina de verdad, sarasa... El tema es que por más pavadas que nos digamos entre nosotras, que después venga un pibe y te diga que el collar que tenés puesto resulta intimidador, porque te hace parecer demasiado interesante y en consecuencia difícil de abordar, no deja de chocar, y choca porque día tras día una lidia con el peso de no ser lo suficientemente interesante.
Hay pibas tan copadas que en la facultad, nadie les habla. Te sonríen y se te sientan a una distancia prudencial. Las odiamos. Tienen el peinado que a nosotras no nos sale, tienen ropa linda, o ropa fea, pero siempre con gracia, con elegancia. Tienen los anteojos más vintage de todos. Tienen linda letra. Saben de cine, cocina, fotografía, corte y confección. Y por sobre todas las cosas, son amigas de los flacos que nos gustan. Es sabido que los chicos indie no se juntan con nosotras. Los chicos indie se juntan sólo con chicas indie. Así que sí, las odiamos, desde la perifería.
Gente, sincerémonos: los caballeros las prefieren. Ese es el único problema. No les damos lo mismo, y está bien, pero ahora, no esperen que una trate bien a las otras, a las preferidas, a las Summers. Mirar mal a la gente en la facultad es nuestro derecho inalienable. Oh yeah. Porque los caballeros siempre las prefieren a ellas.

miércoles, 21 de abril de 2010

Idol.

Hoy vino Adam. Está todavía más naranja que el año pasado y aparentemente está grabando música de mierda. Uno ya no espera casi nada de los discos que hace la gente después de American Idol, pero Adam...
Adam cantaba canciones de Zeppelin y hacía transpirar a todo el jurado. Uno le tenía fe.

Igual esta semana les tocó Elvis, y estuvo bueno.