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martes, 30 de agosto de 2011

Sobre Amigarches 3.

Luego de Amigarches 1 y Amigarches 2 (que no vi), llega esta otra.
Con un guión bastante sólido, aunque se desbanda hacia el final, y mucho más explícita de lo que esperaba, está buena para ser una propaganda de smartphones de dos horas.

Dentro de 50 años Justin Timberlake va a ser un viejo prócer. Nuestros nietos van a ver un día una foto suya de joven y van a decir "Che, pero estaba bueno!" y les vamos a decir "MÁS BIEN".

Ah, y Woody Harrelson yéndose a su casa en lancha.

viernes, 18 de febrero de 2011

Me llega hasta los güesos, me llega.

Hay, por supuesto, tópicos de la comedia romántica que nos movilizan más que otros.
Los primeros capítulos de la última temporada de Bones, esta combinación de "friend-zoned" y "me perdí la ventana y ahora me jodo por bolud@", han calado muy pero muy hondo en mi autocompasión furibunda de febrero.
Tempy, creeme, siento tu dolor.

No te preocupes, no va a durar.

Por favor, no se pierdan 6x03, una lectura tan integrada, tan cándida, de lo peorcito del reality estadounidense.

miércoles, 21 de julio de 2010

Indescribably monotonous and unrenewed.

En una com-rom muy piola, una chica cita a Rilke:
It is not inertia alone that is responsible for human relationships repeating themselves from case to case, indescribably monotonous and unrenewed: it is shyness before any sort of new, unforeseeable experience with which one does not think oneself able to cope.

jueves, 29 de abril de 2010

Los caballeros las prefieren.

Ok, ya sé que la onda no era tomarse demasiado en serio Los caballeros las prefieren brutas, y no voy a hacer demasiado aspaviento. A Cristina la dejan por una pelotudita, fea para peor (los caballeros son garcas, los caballeros son incomprensibles). Sale con otros tipos (los caballeros son raros). Se enamora de su roomate, que se hacia pasar por gay (los caballeros mienten). Le tiene unas ganas terribles (los caballeros están buenos). Etcétera. Cliché tras cliché, gag tras gag, se deja mirar son problemas. Por ahora, lo de ser o hacerse la bruta no fue demasiado central, y creo que empiece a serlo de pronto.
Pero que nadie me venga a negar que circula, y mucho, el mito consolatorio de que las nabas tienen vidas más fáciles, y que si una no levanta, pobre, debe ser porque es demasiado inteligente. Oh, es tan trágico, pocos hombres se bancan a una mina de verdad, sarasa... El tema es que por más pavadas que nos digamos entre nosotras, que después venga un pibe y te diga que el collar que tenés puesto resulta intimidador, porque te hace parecer demasiado interesante y en consecuencia difícil de abordar, no deja de chocar, y choca porque día tras día una lidia con el peso de no ser lo suficientemente interesante.
Hay pibas tan copadas que en la facultad, nadie les habla. Te sonríen y se te sientan a una distancia prudencial. Las odiamos. Tienen el peinado que a nosotras no nos sale, tienen ropa linda, o ropa fea, pero siempre con gracia, con elegancia. Tienen los anteojos más vintage de todos. Tienen linda letra. Saben de cine, cocina, fotografía, corte y confección. Y por sobre todas las cosas, son amigas de los flacos que nos gustan. Es sabido que los chicos indie no se juntan con nosotras. Los chicos indie se juntan sólo con chicas indie. Así que sí, las odiamos, desde la perifería.
Gente, sincerémonos: los caballeros las prefieren. Ese es el único problema. No les damos lo mismo, y está bien, pero ahora, no esperen que una trate bien a las otras, a las preferidas, a las Summers. Mirar mal a la gente en la facultad es nuestro derecho inalienable. Oh yeah. Porque los caballeros siempre las prefieren a ellas.

miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Cómo se llama la obra?

Ella se quiere casar y no puede. Se muere de ganas. Vive rodeada de bodas, pero no consigue marido. Todos lo saben, y ella se muere de vergüenza.
Aparece él, periodista cínico de la gran ciudad, arrogante, medio dañado, patoteramente sexy.
Él empieza a estudiarla, se mete en su vida y le rompe soberanamente las pelotas hasta que finalmente descubre cuál es su problema. La arregla: se casa con ella.
Por fin, por fin le tocó.

¡Runaway Bride y 27 Dresses son la misma puta película!

lunes, 4 de enero de 2010

Normalidad y excepcionalidad.

Miro por I-Sat un documental sobre cine gay. Directores y guionistas de treintilargos se emocionan un poco hablando de las primeras comedias románticas gay, en los '90. Dicen que por primera vez veían en las películas las cosas que les pasaban a ellos. Entonces era normal enamorarse de alguien del mismo sexo, ellos eran normales.


Una buena parte de las comedias románticas se apoya en su verosimilitud: la es gente más linda y se resuelve todo en una hora y media, pero parecen ser las cosas que nos pasan a todos. La re entendés, a vos te pasa lo mismo, o mejor dicho, vos, en su situación, también te hubieras caído de culo al piso en frente de todos.
Después, en un bar del río, pescás fruta del fondo de tu copa de clericó mientras alguien dice "es como en Elizabethtown".


Argumentalmente, es más probable que te pase un drama que una comedia romántica. Estoy segura de que a más gente le pasa The Notebook que The Break-Up, por ejemplo. No estamos acostumbrados a identificarnos con lo solemne, lo trágico, lo pesado, pero en realidad se trata sólo enamorarte de alguien, dar mil vueltas, casarte, envejecer, enfermarse, y tener ganas de morirte en sus brazos sordos.


El quirk, el gimmick, el gancho. En Definitely, Maybe, la nena escucha el historial amoroso de su padre, escucha la comedia romántica que conduce a su nacimiento. Además de adivinar cual de las tres mujeres que él quiso en los '90 es su madre, también resuelve la otra adivinanza implícita, que es una constante en el género. ¿Cuál es la mujer de su vida? ¿Con cuál va vivir feliz para siempre? La película funciona porque la respuesta no es siempre la misma mina, y porque la estructura anticlimáctica de la peli desestabiliza la idea de felices para siempre.
Pero yo iba a hablar del gimmick, y es este: April busca por años en las librerías de usados el ejemplar de Jane Eyre que perdió, con una dedicatoria de su papá. En ese momento uno sabe que va a ser Will el que encuentre el libro, y que ése va a ser el clímax de la película. Por lo tanto, April es la importante, April es the one.


La heroína (a veces el héroe, suele ser la mujer) es la que tiene el privilegio del quirk: una obsesión, un deseo, una manía simpática. Su enamorado(a) se banca su quirk, lo festeja, lo protege, logra entrar a él, formar parte de la locurita querible. Juno llenándo un buzón con tictacs de naranja.
El triunfo final de la comedia romántica es ese: la loquita se casa con un tipo que la quiere porque es loquita. Vos estás media rayada pero se te puede amar igual, te dicen. Todos estamos medio rayados, así que tranca.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Subtrama.

La gente (bah, The Holiday) dice que si una se identifica con la mejor amiga y no con la heroína de la peli, es que tiene baja autoestima. A veces es simplemente que la mejor amiga es tan, pero tan copada. A veces la subtrama que le pasa el trapo a la historia principal, con gente menos bronceada y más querible.


viernes, 20 de noviembre de 2009

Otro primer borrador.

Mejor dicho:

Para poder salir de su casa y de la escuela, Kat tiene que pasar por toda la experiencia adolescente, tal como la pauta el género. O sea, enamorarse con un chico, llorar, ponerse en pedo, ratearse, bailar en la prom, todo eso es el precio que tiene que pagar para dejar atrás su infancia e irse a estudiar al reverendo carajo. En The Girl Next Door pasa algo parecido.

En realidad, la secuencia prom-graduation, central en todas las películas de diecisieteañeros, va por ese lado. El clímax es la fiesta, los pibes empilchados manoseándose, pero la historia se cierra con los aplausos a la tarde, todos muy pulcros, las mamás llorando.

Sigo pensando que 10 Things I Hate About You es la versión edulcorada y optimista de Daria. La mayoría de nosotras no tuvo la suerte de que alguien soborne a Heath Ledger para que se la levante. Daria nunca pudo comprar las fantasías de Seventeen, y por eso la serie no tuvo una clausura prolija y orgánica. Tom (perfecto, divino) nunca cerró del todo. Daria no se aflojó nunca.
Y dicho sea de paso, 10 Things también es un manual para conquistar chicas difíciles: festejale las maldades que hace, conocé las bandas indie que le gustan, decile que la hermana es una idiota, tenele el pelo mientras vomita, etc.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Un primer borrador.

Ayer, mientras me quedaba dormida en el sillón viendo 10 cosas que odio de tí, le decía a mi mamá que en las historias de adolescentes de los '90 y '00 el drama de los protagonistas es que son demasiado rígidos o demasiado blandos.
Kat, Daria, incluso Dawson, sufren porque sus códigos son tan rígidos que no pueden pretender que alguien más los siga. Hay algo trágico en ellas (en él no, es sólo un pelotudo) porque son absolutamente conscientes de la irracionalidad del sistema, y del hecho que no tienen ningún poder de decisión en él. La ética insostenible, el horror de la minoridad.
Y después están los demasiado blandos: Cher en Ni idea, Enid en Ghost World, todas las porristas en todas las películas de porristas. Demasiado distraídos, demasiado cansados, desorientados en una legalidad que se les impone y que nunca resulta suficiente para aplicar a cada problema particular. Diecisiete años de escuela y Disney, de máximas que se contradicen entre sí, no preparan para la casuística aterradora del día a día.
Son muy pocas las películas de adolescentes que no narran el pasaje al mundo adulto. El cine supuestamente más pasatista de todos, producido y distribuido por adultos para ser consumido por adolescentes, es una forma de disciplinamiento para nada sutil. Todos lo consumimos, todos cargamos con las moralejas. Es un hecho.
Más allá de una reglamentación psicosexual bastante transparente (nadie se casa con la puta del barrio, a los chicos no les gustan las chicas demasiado inteligentes, sé vos mismo(?!?), a los egoístas nadie los quiere, etc, etc, etc) esas historias siempre terminan con un pacto. Hay que cortarse el pelo y salir a trabajar, hay que renunciar a cualquier principio ético demasiado estricto que te impida respetar a tus superiores. Incluso hay que renunciar a pretender que la gente sea digna de respeto, y dejar de buscar el respeto del prójimo es el precio para que alguien te quiera. De la exhibición en el ámbito de la escuela y el barrio a la sinceridad dentro de la pareja, de la casa familiar actual y futura (el final de Reality Bites, por ejemplo).
En realidad, el pacto sólo está en las que tienen un final consolatorio. Enid no logra pactar, y tiene que salir del medio. Daria tampoco puede. La serie tenía que terminar (probablemente una temporada antes de lo que lo hizo) porque crecer, si implica adaptarse a la irracionalidad imbécil de Lawndale, hubiera sido incoherente. Por eso el programa no cerró con bombos, platillos, un campus universitario, y un futuro prometedor. El futuro no es prometedor, es enfermo y triste.